En los talleres de Carnaval dibujamos, inventamos monstruos fantásticos, pintamos (y nos pintamos), creamos amuletos ruidosos que espantaban miedos, comimos una torta riquísima, fabricamos sombreros de todos los tamaños y colores, usamos kilómetros de papel y numerosos rollos de cinta, tomamos mate y creamos una moma grande y un ayudante chiquito. Le pusimos nombre a la moma (Simoma Sacalamala) y a su ayudante cada uno lo llamó como quiso. Escribimos el testamento de Simoma y por supuesto nos sacamos muchas fotos, tan ridículas como esta:
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